Tú y yo. Siempre

Silencio.

Me miras. Te miro. Sé que ahora cualquiera esperaría que dijera que nos miramos, pero no quiero caer en el recurso fácil. Sé que quieres preguntarme algo y que es importante. Lo sé porque me miras de reojo y en silencio. Y frunces el ceño: algo te ronda la cabeza.

Te pregunto si te pasa algo y niegas con la cabeza con demasiada contundencia como para ser verdad. Apartas la mirada. Me evitas para ocultar cualquier gesto que pudiera delatarte, pero inconscientemente vuelves a la posición inicial.

Me miras. De reojo. En silencio. El ceño. “¿De verdad no te pasa nada?”, insisto. Vuelves a negar con la cabeza, pero esta vez no apartas la mirada. “¿Puedo hacerte una pregunta?”, dices por fin. “¿Qué pregunta es esa? Pues claro. Pregunta lo que quieras”, respondo curiosa. Tus dudas me desconciertan. ¿Qué será lo que te ronda la cabeza?

“¿Te hago feliz?”, preguntas mirando al suelo, con miedo, aunque no sé si es miedo a hacer la pregunta o miedo a mi respuesta. “Me haces muy feliz. Nunca he sido tan feliz”, respondo con firmeza para que mi respuesta cale muy hondo.

Aunque no pareces muy convencido con mi respuesta, levantas la mirada y puedo ver una media sonrisa dibujada en tu rostro. Vuelves a bajar la mirada: la media sonrisa ha desaparecido.

Tú y yo. Siempre: un texto improvisado de Beatriz García Cazorla

Silencio otra vez.

Me miras. Te miro. Sí, nos miramos. De reojo. Frunces el ceño y vuelves a preguntar: “¿de verdad te hago feliz?”, preguntas con más miedo que la primera vez, aunque no consigo saber si el miedo es consecuencia de tus inseguridades o lo que de verdad te asusta es que lo nuestro avance. ¿Tanto te asusta saber que todo es mejor desde que estamos juntos? ¿Tanto miedo te da tener una relación conmigo?

Te cojo las manos, te miro a los ojos e insisto: “me haces muy feliz, nunca he sido tan feliz”. Sello mis palabras con un beso. Un beso robado, fugaz, pero dulce, muy dulce. Vuelves a sonreír y me encanta. Amo tu sonrisa y te amo a ti.

“Me haces sentir única, especial, irresistible, la mujer más bonita del mundo. Contigo me siento fuerte e inspirada: no hay miedos, no hay límites. Siento que soy capaz de todo, que podemos con todo. Me haces reír: adoro tu sentido del humor, tus payasadas y esa forma de mirarme confuso cuando pretendes hacer pasar por algo serio una de tus bromas. Finges estar ofendido por mi risa, pero en el fondo sé que te encanta hacerme reír. Me encantan tus caricias, tus abrazos eternos y esos besos tan dulces. Me tocas como si mi cuerpo fuera una guitarra: suave, con ritmo, a tempo. Derrochas talento y en tus brazos me siento querida, me siento segura. Ya no sabría vivir sin tus abrazos. Eres mi mejor plan: pizza para cenar, bailar sin música y unas risas en la cama. Me miras mientras duermo y me encanta. Todo es mejor contigo, todo es mejor cuando estoy contigo”. 

Suelto mi inspirado discurso y tú respondes con un beso, un beso apasionado, pero a la vez tan dulce, tan tierno, tan íntimo y tan nuestro. ¿De verdad me preguntas si me haces feliz? ¿Cuánto tiempo tienes? Necesito toda una vida contigo para responderte. Tú y yo juntos. Tú y yo. Siempre.

NOTA: CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES PURA COINCIDENCIA.
FOTOS ORIGINALES BGARCIACAZORLA.ES©
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