Soñar es gratis

Es increíble cómo, de un día para otro, una puede pasar de comerse el mundo a sentir que este la devora ferozmente. De la euforia a la desolación, del cielo al infierno en tan solo un segundo. Es increíble cómo, de repente, una puede pasar de soñar a lo grande a sentir que vive una pesadilla.

Nadie dijo que cumplir un sueño fuera fácil, ¿pero de verdad es necesario sufrir tanto? ¿Realmente hace falta complicarse tanto la vida? Me rompo la cabeza intentado encontrar una respuesta, pero por más vueltas que le doy, no encuentro una buena razón para seguir luchando. Aun así, no me rindo. Puede que eso sea precisamente lo mejor de los sueños: que cuánto más cuesta alcanzarlos, más se disfruta el éxito después. Quizás sea el esfuerzo, la lucha, lo que los convierte en sueños de verdad y no en un capricho más, un antojo pasajero. Puede que los sueños sean la mejor de las drogas y alcanzar nuestro objetivo, el punto álgido del éxtasis. Pero… ¿y si nuestros sueños nunca se hacen realidad? ¿Y si, lejos de cumplir nuestros sueños, no conseguimos más que vivir en un síndrome de abstinencia de éxito constante?

A veces me levanto pensando que el idealismo compulsivo es un estado mental poco recomendable para cualquier persona con sueños o ilusiones porque la frustración de no alcanzar tus metas puede ser devastadora para la autoestima. Se podría decir que soñar es peligroso, que tener metas puede ser decepcionante y es verdad, pero, ¿qué sería nuestra vida sin sueños? Un mero trámite, un monótono y aburrido viaje con destino a un mismo final para todos. Un final inevitable al que todos deberíamos llegar con todas las casillas de ‘cosas por hacer’ marcadas y sin cuentas pendientes. Siempre lo he dicho: “prefiero arrepentirme de haberlo hecho que quedarme con la duda”.

Soñar es gratis: un texto improvisado de Beatriz García Cazorla

La vida es eso que pasa mientras haces otros planes”, míticas palabras atribuidas al gran John Lennon ‒y digo atribuidas porque yo no estaba allí para escucharlas cuando las dijo‒ que todos hemos convertido en mantra alguna vez para ahuyentar los pensamientos negativos derivados del fracaso. ¿Es posible que nos obsesionemos tanto con conseguir una vida perfecta, alcanzar la tan venerada y subjetiva felicidad, que de repente dejamos de vivir y disfrutar la vida para regodearnos en nuestra propia frustración?

El caso es que, para bien o para mal, todos necesitamos metas en nuestra vida. No importa lo estúpidos que sean nuestros sueños porque deben estar ahí para romper la linealidad de una vida sin altibajos. ¿Qué sería de nuestra vida sin esas pequeñas ilusiones que nos dan fuerzas para seguir peleando y disfrutando plenamente cada día?

Sueños, esperanza e ilusiones: un cóctel brutal, esa peligrosa droga que nos embriaga y nos envuelve en un inevitable delirio de fe ciega que nos hace sentir capaces de todo, los auténticos ‘reyes del mambo’. Se podría decir que los sueños son la gasolina de la vida, pero, ¿qué pasaría si, de repente, un día nos diéramos cuenta de que nuestros sueños son inalcanzables? ¿Existen de verdad los sueños inalcanzables? Y si es así, si de verdad hay sueños imposibles, ¿qué podemos hacer para evitar el dolor del fracaso? ¿Deberíamos dejar de soñar? ¿Deberíamos dejar de vivir? NUNCA. Soñar es gratis, soñar es vivir, los sueños son un regalo, una experiencia, y aunque nos cueste aceptarlo, la realidad es que un objetivo fallido siempre da lugar a un nueva ilusión. Dicen que, cuando una puerta se cierra, una ventana se abre, ¿no? Pues eso.

¿Y qué pasa cuando ya lo tienes todo? ¿Qué te queda cuando ya has conseguido todo aquello que algún día soñaste tener y aún así no te sientes completa? ¿Qué pasaría si un día te levantases sabiendo que ya no eres tan feliz?

FOTO TEO PÉREZ
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2 respuestas a “Soñar es gratis

  1. Tu posteo tiene mucho del discurso hegemónico, con su terminología no reflexiva, que derivó en sueño, por mal llamar al deseo y tergiversó el propósito del mismo, aún con sus expectativas que todo el mundo tiene, así quien no pretende más que vivir, lo cual no creas que es poco, pues es lo intrínseco de la existencia.
    Soñar es lo más caro que hay, pues se paga dormido, y cada “sueño”, cumplido o no, tiene la semilla del siguiente, por tanto lo engendra.
    Acaso los que venden tales promesas consideran que la vida al despertar es anodina?
    Saludos Beatriz. Buen año!

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